Casa 12 es, sin lugar a dudas, el escenario de la Carta que menos manejamos. Como ya hemos visto durante estos últimos 12 meses, cada una de la Casas Astrológicas representa el domicilio de los signos de Zodíaco; en este caso, hablamos del domicilio de el signo de Piscis, el último del círculo astrológico.

Nos encontramos en una casa de agua, en un ambiente húmedo, sensible y emocional.

La información que nos revela Casa 12 nos hace comprender muchas actitudes inconscientes, pero nos confunde cuando no sabemos manejar la energía de los planetas que aquí se encuentran. Sentimos que esa energía no nos pertenece, ni el Sol, ni la Luna, ni Mercurio, Venus, Marte, Júpiter, Saturno, Neptuno, Urano o Plutón y, realmente, es como si nos manejara y no lo pudiéramos controlar. Actuamos de una manera determinada sin darnos cuenta, lo que se dice inconscientemente. Nuestros vínculos se dan cuenta de que esa energía está en nosotros, pero nosotros no. Así, si escribimos poesía de manera natural, componemos una melodía preciosa o luchamos por un ideal, no percibimos que somos invadidos por la influencia de Mercurio, Neptuno o Marte, pero los demás sí.

Este espacio nos muestra el pasado de nuestra alma, memorias antiguas que influencian nuestra vida sin que sepamos por qué. Casa 12 también nos habla del tiempo que estuvimos en el vientre materno. Es cierto que las casas de agua reflejan nuestra historia emocional, en mayor o menor medida dependiendo de la Carta Natal de la persona, pero es muy significativo que en el período prenatal las emociones de la madre se transmitan al bebé que viene en camino cuando se encuentra en su vientre. Durante los meses que dura el embarazo, la madre y el bebé son uno y le transmite todo su sentir.

Casa 12 es un escenario de recogimiento, de introspección, donde nos conectamos con una energía de unidad, de paz, de solidaridad, compasiva y empática con otros seres; también aparece una gran sensibilidad artística y espiritual. Por otro lado, el peligro de dejarse llevar por esta energía es no saber dónde está el límite y no poder controlar la realidad que estamos viviendo. Esto nos puede llevar a tener crisis de personalidad muy fuertes que nos llevan a tener comportamientos autodestructivos, a ingerir sustancias tóxicas y a no distinguir lo que verdaderamente está ocurriendo.

Si hemos percibido el cariño de nuestros padres y demás vínculos cercanos durante el período intrauterino, en especial el de nuestra madre, nos sentiremos más conectados al amor de la fuente de la que provenimos, protegidos por algo más grande que nosotros mismos y no separados, limitados o con miedo. Nuestra vida será más plena, de ahí que este período sea tan relevante en nuestra vida.